Se están introduciendo continuamente nuevos anglicismos en nuestras vidas y muchas veces abusamos de ellos a la hora de hablar con nuestros clientes. A esto le llamamos el síndrome del consultor. Básicamente consiste en hablar utilizando anglicismos para parecer interesantes y expertos en un tema.
Hace poco vi un gag de dos personas que estaban continuamente hablando con anglicismos y en cierta manera me vi reflejado en él. Te dejo el enlace para que puedas reírte un rato.
Con el tiempo me he dado cuenta que tenemos que adaptar nuestro lenguaje y nuestro discurso a nuestro cliente. Si no nos entienden no nos van a comprar y por lo tanto no vamos a vender. A nivel comercial vamos a tratar con muchos perfiles diferentes de clientes, con una educación diferente, con unos conocimientos técnicos diferentes, con unas motivaciones diferentes, con un nivel social diferente y un largo etc. de particularidades que los hacen diferentes. Tenemos que ser empáticos y adaptarnos a nuestro interlocutor. Por ejemplo. No es lo mismo hablar con la persona que está en recepción en una empresa que con el Director General de esa empresa.
En mi caso me di cuenta cuando trabajaba en una multinacional fabricante de vidrio. Me percaté que no tenía que utilizar el mismo discurso y el mismo lenguaje con un arquitecto que con un instalador de ventanas, y esa realidad es la que te quiero trasladar a ti. Adecúa tu lenguaje y tu discurso comercial a la persona que tengas delante, lo importante es que tus clientes te entiendan porque si no te entienden no te van a comprar.
